Después de unos años, muchas parejas hablan sobre todo del día a día: quién recoge a quién, qué vais a comer, qué hay que pagar. Es normal, pero así se deja de conocer al otro. Las preguntas que van más hondo pueden cambiarlo.
Un experimento de 1997 muestra por qué. Parejas de desconocidos se turnaron durante 45 minutos para responder preguntas cada vez más personales. Al terminar se sentían más cerca el uno del otro que las parejas que habían dedicado el mismo tiempo a una charla trivial. La diferencia estuvo en que las preguntas ganaban profundidad poco a poco y en que respondían los dos.
Elige el camino según cómo estéis:
- Una pregunta en la cena si las conversaciones se han quedado en la logística.
- Preguntas en tres pasos si queréis probar el método completo una noche.
- Pregunta por lo que salió bien si habláis sobre todo de problemas.
- Una noche al mes si queréis ir más allá.
Un primer paso para esta noche: pregúntale a tu pareja qué fue lo mejor del día y luego pregúntale por qué.
Después de unos años, muchas parejas hablan sobre todo del día a día: quién recoge a los niños, qué vais a comer, qué hay que pagar. Es normal. El día a día exige mucho. Pero cuando las conversaciones se reducen a la logística, se deja de conocer al otro, y entonces uno puede sentirse solo al lado de la persona con la que vive. Este artículo explica lo que dice un famoso experimento sobre las preguntas que van más hondo, por qué funcionan, y te da cuatro formas de empezar.
El experimento de las 36 preguntas
En 1997, Aron y sus colegas quisieron comprobar si se puede crear cercanía entre personas en poco tiempo. Los participantes eran desconocidos emparejados entre sí. Durante 45 minutos se turnaron para responder 36 preguntas divididas en tres rondas, y en cada ronda las preguntas eran más personales. Al principio trataban de cosas como cuál sería un día perfecto. Hacia el final hablaban de la familia, las relaciones cercanas y los recuerdos embarazosos.
Las parejas que respondieron a estas preguntas se sentían después más cerca la una de la otra que las que habían tenido el mismo tiempo para una charla trivial. En experimentos posteriores no importó si las parejas tenían opiniones parecidas, si creían que al otro le caerían bien ni si se les había pedido que intentaran acercarse. Lo que funcionaba era el método en sí.
- Empiezan por lo fácil Nadie tiene que abrirse desde el principio.
- Ganan profundidad paso a paso Cada respuesta hace más fácil contestar la siguiente pregunta.
- Responden los dos Quien se abre recibe algo a cambio.
El experimento se hizo famoso como una forma de enamorarse en 45 minutos, pero ese nunca fue su objetivo. Los investigadores querían crear una sensación pasajera de cercanía entre desconocidos, no amor. Para una pareja que ya comparte la vida, la clave es otra: las preguntas abren conversaciones para las que el día a día nunca deja espacio.
Lo importante es mostrarse, no las preguntas
Lo que crea cercanía no son las preguntas exactas. Es que los dos cuenten algo que de verdad les importa, y que el otro escuche y responda de la misma manera. Una pregunta lanzada de pasada, con el móvil en la mano, no consigue lo mismo. Cómo el móvil se interpone entre dos personas lo explicamos en phubbing.
Por eso también puedes escribir tus propias preguntas. Empieza por cosas fáciles de responder y deja que se vuelvan más personales. Algunos ejemplos en la misma línea:
- ¿Qué harías con un día libre sin ninguna obligación?
- ¿Qué recuerdo de tu infancia te viene a menudo a la cabeza?
- ¿Sobre qué has cambiado de opinión en los últimos años?
- ¿Qué es lo que más agradeces de tu vida ahora mismo?
- ¿Qué es algo que nunca me has dicho, pero quieres que sepa?
Cuatro formas de empezar
Una pregunta en la cena. Para quienes tenéis las conversaciones atascadas en la logística. Una sola pregunta que no tenga que ver con la organización, y otra pregunta a partir de la respuesta. Lleva cinco minutos y rompe la rutina. Primer paso: pregunta esta noche qué fue lo mejor del día y luego por qué.
Preguntas en tres pasos. Para quienes queréis probar el método completo. Escribe doce preguntas en tres rondas, de fáciles a personales, o usad las 36 preguntas del experimento, que se pueden leer gratis en internet. Reservad 45 minutos, dejad los móviles a un lado y turnaos. Primer paso: elegid una noche de esta semana.
Pregunta por lo que salió bien. Para quienes habláis sobre todo de lo que va mal. Cómo respondéis cuando el otro cuenta algo bueno influye mucho en cómo os va, y lo explicamos en una relación feliz. Primer paso: pregunta esta noche: «¿Qué ha pasado hoy que te haya alegrado?».
Una noche al mes. Para quienes queréis ir más allá, y es el camino más exigente. Reservad una noche al mes solo para conversar, con preguntas nuevas cada vez. Turnaos para escribirlas. Tener una fecha fija hace que ocurra incluso cuando el día a día está a tope. Primer paso: apunta la primera noche en el calendario.
Cuando las preguntas despiertan algo difícil
Las preguntas profundas pueden remover cosas que duelen, y eso no significa que algo haya salido mal. Tómatelo con calma, escucha más de lo que hablas y deja que el otro se salte una pregunta. Si los mismos temas difíciles salen una y otra vez, o si discutís más de lo que habláis, puede merecer la pena buscar terapia de pareja. Si tienes miedo de tu pareja, contacta con un profesional de la salud o con una organización de apoyo de tu zona.
Un primer paso para esta noche: pregúntale a tu pareja qué fue lo mejor del día y luego pregúntale por qué.
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