La técnica de estudio más común, releer y subrayar, es también una de las más flojas. Parece eficaz porque el texto se vuelve más familiar, pero familiar no es lo mismo que aprendido.
La sensación nos engaña en ambos sentidos. En un ensayo aleatorizado con estudiantes de física, quienes trabajaron de forma activa aprendieron más, pero creían haber aprendido menos que quienes escucharon a un profesor muy valorado. El esfuerzo les parecía una señal de que les iba mal. Una gran revisión de diez técnicas de estudio dio la nota más alta a dos: ponerse a prueba y repartir el repaso.
Elige tu camino según para qué estudias:
- Para un examen: ponte a prueba y empieza con tiempo suficiente para repartirlo.
- Compaginándolo con el trabajo: horarios fijos y un objetivo para cada sesión.
- Por tu cuenta: un cuarto de hora al día y una pregunta a la semana.
- Explícaselo a otros si quieres ir más allá.
Un primer paso hoy: elige un apartado que hayas leído hace poco. Cierra el libro y escribe durante cinco minutos todo lo que recuerdes. Abre el libro y compara. Lo que faltaba es tu próxima sesión de estudio.
La técnica de estudio más común, releer y subrayar, es también una de las más flojas. Parece eficaz porque el texto se vuelve más familiar cada vez, pero familiar no es lo mismo que aprendido. Lo que funciona mejor cuesta más mientras lo haces: sacar el conocimiento de la memoria en lugar de volver a meterlo, repartir el repaso en varios días y dedicar el tiempo a lo que peor se te da. Esta guía te muestra por qué, te propone cuatro caminos según para qué estudias y te da una primera sesión de estudio para hoy.
<Releer parece aprender
Cuando lees un texto por segunda vez, cuesta menos. Las palabras te suenan, el razonamiento fluye, y es fácil interpretar esa sensación como que sabes el contenido. Pero reconocer algo cuando lo tienes delante es una habilidad distinta de poder recordarlo cuando no lo tienes, y es esa segunda habilidad la que exige el examen, la reunión o la conversación.
Por eso a mucha gente le pilla por sorpresa el examen. Han dedicado horas a leer, se sentían preparados y, aun así, se quedaron en blanco cuando llegó la pregunta. Lo mismo pasa con el subrayador. Marcar lo importante es una forma de leer, no una forma de aprender.
El esfuerzo es la señal, no el problema
En 2019, Deslauriers y sus colegas de Harvard asignaron por sorteo a estudiantes de un curso introductorio de física a dos tipos de enseñanza con el mismo contenido: clases magistrales de profesores experimentados y muy valorados, o clases en las que los propios estudiantes trabajaban con los problemas. Quienes trabajaron de forma activa aprendieron más, según los exámenes. Pero ellos mismos creían haber aprendido menos.
La explicación era el esfuerzo. El trabajo activo resultaba más difícil, y los estudiantes interpretaban esa dificultad como una señal de que les iba mal. La clase magistral, fluida y fácil de seguir, les daba una sensación de entender que no se correspondía con lo que de verdad sabían.
Es la misma trampa que la de releer. Lo que resulta fácil suele ser lo que menos rinde, y lo que cuesta suele ser lo que se queda. Fíate más de lo que eres capaz de recordar que de cómo te sientes.
Ponte a prueba en lugar de releer
En 2013, Dunlosky y sus colegas revisaron la investigación sobre diez técnicas de estudio habituales, desde los resúmenes hasta las reglas mnemotécnicas. Dos obtuvieron la nota más alta, porque funcionaban con muchas materias, edades y tipos de examen distintos: ponerse a prueba y repartir el repaso. Releer y subrayar quedaron entre las más flojas.
Ponerte a prueba significa sacar el conocimiento de la memoria. Cierra el libro e intenta escribir lo más importante de un apartado. Convierte los títulos en preguntas y respóndelas sin mirar. Usa exámenes antiguos, o pide a alguien que te pregunte. Cada vez que te esfuerzas por recordar algo y lo consigues, la siguiente vez es un poco más fácil. Y cada vez que no lo consigues has encontrado una laguna, lo cual es más útil que creer que sabes algo que no sabes.
Una regla sencilla: por cada cuarto de hora que lees, dedica al menos el mismo tiempo a ponerte a prueba.
Reparte el repaso
Estudiar seis horas el día antes no es lo mismo que una hora al día durante seis días, aunque el tiempo sea el mismo. Lo que se repasa con intervalos se queda más tiempo.
En la práctica, eso significa volver a lo de la semana pasada antes de empezar con lo nuevo. Unos minutos bastan: ¿qué recuerdas de la última vez? Lo que no se quedó recibe un poco más de tiempo. Exige empezar antes de lo que lo harías de otro modo, y esa es la parte difícil. Una vez a la semana, mira lo que viene en las próximas semanas, para que nada te pille por sorpresa.
Cuatro caminos, según para qué estudias
No hay un método que sirva para todo el mundo. Elige según tu situación.
Para un examen. Si estudias para un examen o una prueba. Ponte a prueba en lugar de releer, y empieza con tanta antelación que te dé tiempo a volver a cada apartado al menos dos veces, con unos días de separación. Primer paso: cuenta hacia atrás desde la fecha del examen y apunta en el calendario tres sesiones por apartado.
Compaginándolo con el trabajo o a distancia. Si no tienes una clase que marque el ritmo. Fija el ritmo de antemano: horarios fijos en la semana, el mismo lugar si es posible y un objetivo para cada sesión. Un compañero de estudio con quien preguntaros la lección hace más difícil aplazar. Cómo fijar los horarios para que aguanten lo tienes en los planes si-entonces. Primer paso: elige dos horarios fijos a la semana y apunta qué vas a terminar en el primero.
Por tu cuenta. Si aprendes algo sin un curso: un idioma, un programa, un oficio, un tema que te ha despertado la curiosidad. Valen los mismos principios. Dedícale un cuarto de hora al día y, cada semana, apunta una cosa que no sabes pero quieres saber, y averigua la respuesta antes de que acabe la semana. Primer paso: escribe hoy la pregunta de esta semana.
Explicárselo a otros. Si quieres ir más allá; es el camino más exigente. No se puede explicar algo que solo reconoces, así que las lagunas se ven enseguida, a menudo en mitad de una frase. Explícaselo a un amigo, o escribe la explicación con tus palabras y tus ejemplos como si fuera para alguien que no conoce el tema. Donde te atascas o empiezas a citar el libro, has encontrado lo que tienes que repasar. Primer paso: esta noche, explícale a alguien lo último que has aprendido, sin mirar el libro.
Planifica la sesión y empieza por lo difícil
Una sesión de estudio sin objetivo se convierte fácilmente en una tarde con el libro abierto. Antes de empezar, apunta qué vas a terminar y qué parte es la más difícil. Empieza por esa. Es tentador empezar por lo que ya sabes, porque sienta bien, pero es lo que menos rinde.
Trabaja en bloques cortos con una cosa cada vez, por ejemplo 25 minutos seguidos de una pausa breve, con el móvil en otra habitación. Cómo organizar los bloques lo tienes en la técnica Pomodoro, y por qué basta un móvil encima de la mesa para bajar la concentración, en las pantallas y la concentración.
Un primer paso hoy: elige un apartado que hayas leído hace poco. Cierra el libro y escribe durante cinco minutos todo lo que recuerdes. Luego abre el libro y compara. Lo que faltaba es tu próxima sesión de estudio.
Preguntas frecuentes
¿Qué técnica de estudio es la mejor? Ponerte a prueba y repartir el repaso en varios días son las que más respaldo tienen en la investigación. Funcionan mejor juntas.
¿Por qué siento que me lo sé, pero luego no lo recuerdo en el examen? Porque releer construye reconocimiento, no la capacidad de recordar. Ponte a prueba sin el libro y verás lo que de verdad sabes.
¿Cuánto debe durar una sesión de estudio? A mucha gente le funcionan bloques cortos de 25 a 50 minutos con pausas entre medias. Lo importante es que cada bloque tenga un objetivo y que el móvil esté lejos.
¿Cómo arranco cuando no paro de aplazarlo? Haz el primer paso tan pequeño que no puedas decirle que no, por ejemplo cinco minutos con el libro. Más sobre por qué aplazamos las cosas en la procrastinación.
¿Es mejor estudiar por la mañana o por la noche? Importa menos que tener el momento fijado de antemano. Pon lo más difícil cuando estés más fresco, sea cuando sea.
Esta guía te da la comprensión y un primer paso. Atlas es donde se convierte en hábito. En Aprendizaje encontrarás La pregunta del día, Enséñalo y Quince minutos de algo nuevo, y si añades Estudios & carrera como una parte propia tendrás también Planificar la sesión, Lo difícil primero y Explícalo tú. Registras cada sesión y ves cómo van de verdad tus estudios, semana a semana. Prueba Atlas gratis durante 7 días y cancela cuando quieras.

