No es demasiado tarde para aprender un idioma nuevo de adulto. Va más despacio que en un niño y cuesta más sonar como un nativo, pero la capacidad de aprender se mantiene toda la vida.
Dos hallazgos ayudan. Un estudio con más de 600 000 personas encontró que la capacidad de aprender gramática se mantiene intacta hasta más o menos los diecisiete años y luego baja de forma gradual, aunque no hasta cero. Y en un estudio en el que unos estudiantes aprendían palabras en suajili, quienes siguieron poniéndose a prueba con las palabras recordaban unas cuatro de cada cinco una semana después. Quienes dejaban de ponerse a prueba con una palabra en cuanto la habían acertado una vez recordaban aproximadamente un tercio. Ambos grupos creían que recordarían más o menos la mitad.
Elige tu camino según por qué aprendes el idioma:
- Antes de un viaje: las frases que necesitas, en voz alta, cada día.
- Por trabajo o por una mudanza: las palabras más comunes del día a día y una conversación por semana.
- Has estudiado el idioma pero no lo hablas: habla, aunque te equivoques.
- Vive un rato al día en el idioma si quieres llegar más lejos.
Un primer paso hoy: escribe diez palabras que necesites en el idioma. Ponte a prueba con ellas mañana y sigue repasando también las que ya sabes.
No es demasiado tarde para aprender un idioma nuevo de adulto. Va más despacio que en un niño y cuesta más sonar como un nativo. Pero la capacidad de aprender se mantiene toda la vida, y la forma en que practicas importa mucho. En este artículo verás qué dicen dos estudios sobre la edad y el vocabulario, y encontrarás cuatro caminos según por qué aprendes el idioma.
Los niños llevan ventaja, pero los adultos aprenden
En 2018, Hartshorne, Tenenbaum y Pinker pidieron a más de 600 000 personas que hicieran en internet una prueba de gramática en inglés, tanto a hablantes nativos como a quienes lo habían aprendido más tarde. Con un modelo que separaba la edad, la edad a la que habían empezado y los años que llevaban con el idioma, pudieron estimar cómo cambia con la edad la capacidad de aprender gramática.
La capacidad se mantenía casi igual hasta más o menos los diecisiete años y después bajaba poco a poco. Eso explica por qué quienes empiezan de niños suenan más a menudo como nativos. Pero la curva baja, no se acaba. Los adultos siguen aprendiendo, solo que más despacio, y el estudio también mostró que alcanzar el nivel máximo lleva más tiempo de lo que se creía, a todo el mundo.
El estudio midió la gramática de un solo idioma, en una prueba en internet. No dice nada del vocabulario, de la pronunciación ni de cómo se desenvuelve uno en una conversación, y tampoco dice que los adultos no puedan llegar a hablar muy bien. Para la mayoría de los adultos la meta no es sonar como un nativo, sino entender y hacerse entender.
Sigue poniéndote a prueba con lo que ya sabes
En 2008, Karpicke y Roediger pidieron a unos estudiantes que aprendieran 40 palabras en suajili, emparejadas con su traducción. Durante la práctica, todos los grupos aprendieron las palabras igual de rápido. La diferencia estaba en lo que pasaba con una palabra una vez que la habían acertado. En algunos grupos seguían poniéndose a prueba con ella. En otros se retiraba de las pruebas, aunque seguían pudiendo leerla.
Una semana después, la diferencia era grande. Quienes habían seguido poniéndose a prueba recordaban unas cuatro de cada cinco palabras. Quienes habían dejado de hacerlo recordaban aproximadamente un tercio, aunque hubieran seguido leyendo las palabras. Volver a leerlas no marcó una diferencia apreciable. Lo que la marcó fueron las pruebas.
- Siguieron poniéndose a prueba Unas cuatro de cada cinco palabras retenidas después de una semana.
- Dejaron de ponerse a prueba Aproximadamente un tercio retenido, a pesar de leer las palabras.
Ambos grupos creían que recordarían más o menos la mitad.
Lo más sorprendente fue lo que creían los propios estudiantes. Los dos grupos calcularon que recordarían más o menos la mitad, y su estimación no tenía ninguna relación con el resultado. La sensación de saberte una palabra, por tanto, dice poco sobre si la vas a recordar. Es la misma trampa que aparece en cualquier tipo de estudio, y la explicamos en la guía de técnicas de estudio.
No tires las palabras que ya sabes
Es fácil hacer justo lo contrario: apartar una palabra en cuanto la aciertas. Parece eficiente, porque el montón se va haciendo más pequeño. Pero según el estudio es justo entonces cuando esa palabra necesita repasarse otra vez. Quédate con las palabras que ya sabes y ponte a prueba con ellas cada pocos días, dejando más tiempo entre repasos cuanto mejor te las sepas, como en estudiar para un examen.
A las palabras que cuesta retener les puede ayudar una imagen, como en técnicas de memoria. Y no te limites a repasarlas: úsalas. Dilas en voz alta, escribe una frase con ellas o llévalas a tu próxima conversación.
Cuatro caminos, según por qué aprendes el idioma
Antes de un viaje. Para ti, si quieres arreglártelas en unas vacaciones. Elige las frases que de verdad vas a necesitar, como saludar, pedir, preguntar por una dirección y decir que no entiendes. Dilas en voz alta, cada día. Primer paso: escribe diez frases que necesites y dilas en voz alta esta noche.
Por trabajo o por una mudanza. Para ti, si vas a vivir con el idioma. Empieza por las palabras y frases más comunes del día a día, no por un libro de texto desde la primera página. Organiza una conversación por semana, con un profesor, un compañero de trabajo o alguien que quiera aprender tu idioma a cambio. Primer paso: apunta veinte palabras que hayas oído o necesitado hoy y ponte a prueba con ellas mañana.
Has estudiado el idioma pero no lo hablas. Para ti, si sabes la gramática pero te bloqueas en una conversación. Lo que necesita entrenamiento es el habla, y eso solo se entrena hablando, aunque te equivoques. Los errores forman parte de aprender, no son una señal de que vaya mal. Primer paso: di algo en el idioma hoy, a alguien o en voz alta para ti.
Vive un rato al día en el idioma. Para ti, si quieres llegar más lejos; es el camino más exigente. Reserva un rato fijo cada día en el que todo pase en el idioma: escuchas, lees, piensas y escribes un diario breve. Apunta las palabras que no conoces y ponte a prueba con ellas. Primer paso: escribe esta noche tres frases en el idioma sobre lo que has hecho hoy.
Un primer paso hoy: escribe diez palabras que necesites en el idioma. Ponte a prueba con ellas mañana y sigue repasando también las que ya sabes.
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