La mayoría de los presupuestos se abandonan a las pocas semanas. Se hacen en una hoja de cálculo una tarde tranquila y pierden el contacto con el día a día, donde el dinero está todo junto y cada compra es una decisión nueva.
Lo que funciona mejor es repartir el dinero en apartados. En un experimento de campo en la India, unos obreros de la construcción recibieron su dinero de ahorro en sobres. Los que lo recibieron repartido en dos sobres ahorraron más que los que lo recibieron en uno, y los que más ahorraron fueron los que tenían una foto de sus hijos en los sobres. El dinero con un propósito visible cuesta más tocarlo.
Elige el método que mejor te encaje:
- 50/30/20 si quieres un marco sencillo para empezar.
- Cuentas separadas si quieres que los apartados se vean.
- Una cantidad semanal si no quieres hacer cuentas.
- Todo el dinero tiene un trabajo si quieres ir más lejos.
Un primer paso hoy: apunta tu sueldo y tus gastos fijos. Lo que queda es lo que de verdad tienes para repartir.
Hacer un presupuesto es decidir de antemano adónde va el dinero, en lugar de ver después adónde se fue. Aun así, la mayoría de los presupuestos se abandonan a las pocas semanas, porque se hacen en una hoja de cálculo y luego viven separados del día a día. Un presupuesto que dura reparte el dinero en apartados, cada uno con su propósito, para que una compra no exija una decisión nueva cada vez. En este artículo verás qué dice un experimento de campo sobre por qué funcionan los apartados, cuatro maneras de hacer un presupuesto y cómo ajustarlo. Dónde encaja el presupuesto en el resto de tus finanzas lo encontrarás en finanzas personales en el orden correcto.
Por qué se abandonan los presupuestos
Un presupuesto casi siempre se hace una tarde tranquila, con cifras que parecen razonables. Después, el dinero sigue en la misma cuenta de siempre. El dinero de la comida, el del ocio y el del ahorro están todos juntos, y cada compra se convierte en una negociación contigo mismo: ¿me lo puedo permitir? Casi siempre la respuesta es sí, hasta que ya no queda nada.
La segunda razón es que el presupuesto se vuelve demasiado detallado. Es imposible llevar el control de veinte categorías en el día a día. Al cabo de un mes, ninguna cuadra, y entonces sientes que todo el presupuesto ha fracasado.
El dinero en apartados separados cuesta más tocarlo
En 2011, Soman y Cheema llevaron a cabo un experimento de campo con 146 obreros de la construcción en zonas rurales de la India. Cobraban el sueldo semanal en efectivo, no tenían cuenta bancaria y vivían, como ellos mismos lo describían, semana a semana. Durante 14 semanas, se les apartó una parte del sueldo como ahorro en sobres cerrados. Algunos recibieron el ahorro en un solo sobre y otros, repartido en dos. Para aproximadamente la mitad, los sobres llevaban una foto de sus hijos.
Los que recibieron el dinero en dos sobres ahorraron más que los que lo recibieron en uno, y la foto de los hijos aumentó todavía más el ahorro. El efecto de repartir el dinero fue mayor cuando estaba la foto. La explicación de los investigadores es que romper una separación se siente peor, y aún más cuando el dinero tiene un propósito visible.
El experimento se hizo con un grupo concreto en una economía basada en el efectivo, y no se ha puesto a prueba de la misma manera con cuentas bancarias. Pero el principio sirve en cualquier parte: el dinero que tiene su propio apartado y su propio propósito cuesta más tocarlo que el dinero que está todo junto.
Cuatro maneras de hacer un presupuesto
Ningún método le sirve a todo el mundo. Elige según cuántas cuentas quieras hacer.
50/30/20. Para ti si quieres un marco sencillo para empezar. La mitad de lo que ingresas después de impuestos va a lo necesario, como la vivienda, la comida y las facturas; algo menos de un tercio, a lo que te apetece, y una quinta parte, al ahorro y las deudas. Es una regla práctica, no un hallazgo científico, y donde los alquileres son altos hay que ajustar las proporciones. Primer paso: calcula qué parte de tus ingresos se va hoy en lo necesario.
Cuentas separadas. Para ti si quieres que los apartados se vean. Una cuenta para las facturas, otra para el día a día y otra para el ahorro, con una transferencia automática a cada una el mismo día que cobras. Si puedes, ponle a la cuenta de ahorro un nombre que diga para qué es. Primer paso: abre una segunda cuenta y ponle nombre.
Una cantidad semanal. Para ti si no quieres hacer cuentas. Paga primero los gastos fijos y el ahorro, divide lo que sobre entre el número de semanas y pasa cada lunes una cantidad semanal a una tarjeta aparte. Cuando se acaba, se acaba la semana. Primer paso: calcula hoy tu cantidad semanal.
Todo el dinero tiene un trabajo. Para ti si quieres ir más lejos, y es el método más exigente. Cada euro o peso que entra recibe una tarea antes de que empiece el mes, también el que vas a ahorrar, hasta que no queda nada sin asignar. Requiere un rato al principio de cada mes y mover dinero entre apartados cuando algo cambia. Primer paso: reparte tu próximo sueldo sobre el papel, hasta llegar a cero.
Cómo ajustar el presupuesto
El primer presupuesto nunca cuadra. Tómatelo como una estimación que mejora cada mes. Revísalo una vez a la semana durante diez minutos: ¿qué apartado se agotó y en cuál sobró? Mejor mover dinero entre apartados que abandonar todo el presupuesto.
Mantén pocos apartados. A la mayoría le bastan entre tres y cinco. Y reserva siempre un pequeño apartado para lo imprevisto, como regalos, una bici rota o una cena fuera, para que no se coma todo lo demás.
Un primer paso hoy: apunta tu sueldo y tus gastos fijos, y calcula lo que te queda para repartir.
Si la comida es el apartado que siempre se agota primero, la siguiente parte de la serie trata sobre cómo ahorrar dinero en comida.
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