Quien espera a tener motivación para estudiar suele esperar mucho tiempo. Lo más habitual es que la motivación llegue después de haber empezado y ver que avanzas, o cuando entiendes qué tiene que ver la materia con tu propia vida.
Esto último se ha puesto a prueba. En un estudio, durante un semestre, unos estudiantes de secundaria escribieron textos breves sobre cómo lo que aprendían en ciencias se relacionaba con su vida, mientras que otros resumían el mismo contenido. Los estudiantes que al principio creían que les iría mal en la asignatura mostraron más interés y sacaron mejores notas cuando escribieron sobre la conexión con su vida. En los que ya confiaban en sí mismos no hubo una diferencia clara.
Elige tu camino según por qué te falta la motivación:
- Te parece que no tiene sentido: escribe qué tiene que ver la materia con tu vida.
- Sabes por qué, pero no consigues arrancar: decide de antemano cuándo y dónde.
- La perdiste después de un tropiezo: empieza con cinco minutos.
- Conecta la semana con tu meta si quieres ir más allá.
Un primer paso hoy: escribe tres frases sobre cómo lo que estás estudiando ahora puede servirte en tu vida, ahora o más adelante.
Quien espera a tener motivación para estudiar suele esperar mucho tiempo. Lo más habitual es que la motivación llegue después de haber empezado y ver que avanzas, o cuando entiendes qué tiene que ver la materia con tu propia vida. En este artículo verás qué dice un estudio sobre esto último y por qué no basta con querer, y encontrarás cuatro caminos según por qué te falta la motivación.
La motivación llega después de empezar
Lo normal es pensar que primero llega la motivación y después la acción. Esperas a tener ganas y, cuando no llegan, el libro se queda cerrado. Pero a mucha gente le funciona al revés: las ganas de seguir aparecen cuando ya llevas un rato sentado y algo empieza a encajar.
Eso significa que la parte más difícil de una sesión de estudio son los primeros minutos, y que es ahí donde más ayuda necesitas. Por qué querer no basta para cambiar un hábito lo explicamos en la motivación no basta, y por qué posponemos justo lo que deberíamos hacer, en procrastinación.
Cuando la materia te parece inútil
Hay otro tipo de falta de motivación: cuando no le ves el sentido. ¿Para qué necesito saber esto? Es una pregunta razonable, y tiene respuesta.
En 2009, Hulleman y Harackiewicz asignaron al azar a 262 estudiantes de ciencias de secundaria a dos tipos de tareas de escritura durante un semestre. La mitad escribió textos breves sobre cómo lo que aprendían se relacionaba con su vida, por ejemplo algo que habían visto en casa o algo que querían hacer en el futuro. La otra mitad resumió el mismo contenido. De media, cada estudiante escribió unos cinco textos de este tipo durante el semestre.
En los estudiantes que al principio creían que les iría mal en la asignatura, sí hubo diferencia. Se interesaron más por la materia y sacaron mejores notas, alrededor de dos tercios de un escalón de nota en la escala estadounidense. En los que ya confiaban en sí mismos, la diferencia no fue clara. El estudio se hizo en dos escuelas de un pueblo de Estados Unidos, así que es un hallazgo que conviene poner a prueba, no una ley.
La clave es que fueron los propios estudiantes quienes tuvieron que encontrar la conexión. No es lo mismo que un profesor te diga que la materia es importante que escribir tú mismo por qué lo es para ti.
Cuando sabes por qué, pero no consigues arrancar
A veces el motivo está claro y aun así la sesión no llega a ocurrir. En ese caso, darle más vueltas al porqué rara vez ayuda. Lo que sí ayuda es decidir cuándo y dónde. En 2006, Gollwitzer y Sheeran reunieron casi cien estudios sobre planes del tipo "cuando sean las cuatro y haya llegado a casa, me siento en el escritorio". Las personas con este tipo de planes alcanzaban sus metas bastante más a menudo que quienes simplemente se lo habían propuesto.
La decisión se toma una sola vez, de antemano, y no hace falta volver a tomarla cuando aparece algo más divertido. Cómo se construyen estos planes lo explicamos en planes si-entonces.
Cuatro caminos, según por qué te falta la motivación
Te parece que no tiene sentido. Para ti, si no le ves el sentido a la materia. Escribe unas frases sobre cómo lo que aprendes puede servirte, en tu vida actual o en lo que quieres hacer más adelante. Repítelo cada vez que empiece un tema nuevo en clase. Primer paso: escribe hoy tres frases sobre lo que estás estudiando ahora.
Sabes por qué, pero no consigues arrancar. Para ti, si tienes una meta clara pero vas posponiendo las sesiones. Decide de antemano la hora y el lugar, y escríbelo en una frase. Primer paso: escribe hoy "cuando …, entonces me siento a …" para la sesión de mañana.
La perdiste después de un tropiezo. Para ti, si sacaste un mal resultado o te saltaste unas semanas y luego lo dejaste. Vuelve a empezar con algo tan pequeño que no puedas decirle que no: cinco minutos con el libro. Tienes más sobre cómo retomar en volver después de un tropiezo. Primer paso: pon esta noche un temporizador de cinco minutos y abre el libro.
Conecta la semana con tu meta. Para ti, si quieres ir más allá, y es el camino más exigente. Escribe a qué quieres que te lleven tus estudios dentro de unos años. Después, cada domingo, escribe una frase sobre cómo las sesiones de la semana te acercan a eso y en qué te vas a centrar la semana siguiente. Primer paso: escribe hoy tu meta en una sola frase.
Si no es solo la motivación lo que te falta, sino la energía para casi todo, y eso dura ya varias semanas, puede que se trate de algo más que los estudios. Habla con alguien de confianza o con un médico o profesional de la salud.
Un primer paso hoy: escribe tres frases sobre cómo lo que estás estudiando ahora puede servirte en tu vida, ahora o más adelante.
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